miércoles 15 de octubre de 2008

Los hombres rana de la cooperación. (25/09/08)

Escrito por mi querido compi Luis Ponte... solo para que sepais que su casa está encantada... los gatos hechan sangre de la boca e cosas extrañas pasan al rededor de su pequeña mansion

(basado en acontecimientos reales y deformados sin la participación de sustancias alucinógenas)

Dicen que en esto de la cooperación hay que estar muy cerca de las poblaciones con las que trabajamos; ahí se comienza para poder ser colectores de aspiraciones y poder contribuir a canalizar nuestros recursos y los suyos de forma lo más beneficiosa para todos y todas.

La experiencia que tuvimos ayer un compañero de la cooperación y yo, así lo indica.
Era un día como cualquier otro, había caído la noche y medio cielo se desplomó en jarros de agua. Y nosotros… caímos también. No caímos en la cuenta de que la calle donde vivo es una cuenca hidrográfica que daría envidia al Manzanares. No.
Caímos en un agujero de las alcantarillas torrentosas de Bissau. Fuimos engullidos al mejor estilo de “sin noticias de Gurb”. Hasta el cuello, lo cual se agradece, porque en alguna de las décimas de segundo que tardamos en reflotar pensé que quizás íbamos a ir a parar al país de Alicia, al de la sirenita, a un agujero de hobbit, al laberinto del Fauno o a buscar a Nemo sin quererlo.

Cuando ya acariciábamos la idea de llegar a casa, limpiarnos y secarnos fue cuando vimos a un hombre perfectamente vestido cruzar el torrente sin apenas mojarse las chilabas. Nos animó a cruzar su pulcritud como de aparecido y también, hay que decirlo, el cansancio de llevar tiempo participando como únicos asistentes al el concurso-de-camisetas-mojadas-de-cooperantes-masculinos-en-las-calles-de-Bissau. Llegamos y nunca mejor dicho a conocer el terreno, a palparlo, incluso a conocerlo por dentro. Nos sumergimos en su mundo. Nos mojamos. La cosa fluía como nunca. La propia comunidad era la que nos canalizaba. Parecía un buen proyecto de riego y de producción de ranas. De pesca de bonitos.

Tuvimos impacto pero era insostenible.

De no haber sido musulmán, aquel hombre que nos iluminó el camino, hubiera creído que era Cristo cruzando las aguas. Al parecer era una contraparte un poco bromista.

Dedicado al “chico del charco”.
Esperemos no haber pillado tifus.